El cuerpo más que un recipiente, la realidad absoluta

Durante muchos años hemos pensado en el cuerpo como un vehículo, un recipiente o una cápsula que cumple la función principal de preservar dos cosas de vital importancia, siendo la primera de ellas nuestro disco duro o cerebro, y la segunda, nuestro sistema eléctrico (sistema nervioso simpático y parasimpático). Pero, ¿en realidad nuestro cuerpo puede llegar a ser tan simple para percibirlo como una urna?, creeriamos que no; es por ello que a lo largo de este artículo exploraremos algunos conceptos y experiencias que nos darán una visualización más amplia del cuerpo como un receptor, codificador y transmisor de saberes y vivencias, operado por múltiples tensiones y dimensiones humanas. Y que confrontan y desarticulan la percepción del cuerpo como frasco o baúl de lo valioso en nuestra realidad.

Antes de profundizar realizaremos un ejercicio de comparación, para ello, tomaremos los siguientes elementos, el primero un lápiz, el segundo una hoja y el tercero un estuche o frasco de perfume; una vez tengamos dichos utensilios, vamos a observar minuciosamente nuestro recipiente, tratando de encontrar en este, recuerdos, sensaciones o historias de vida. Características que escribiremos por uno de los lados de la hoja. Luego de ello, analizaremos nuestro cuerpo, teniendo en cuenta respiración, pulso, cicatrices, manchas, historias vividas, sensación térmica, duelos personales, momentos de rechazo y abandono, entre otros, de igual forma escribiremos todos nuestros datos al reverso de la hoja. Para finalizar nuestra práctica, describiremos puntualmente ¿Qué es un recipiente?, al concluir el ejercicio, retorna al artículo, fortaleceremos de la mano el imaginario de cuerpo.

¿Recipiente y cuerpo?

Los primero envases de la humanidad fueron desarrollados hace más de 10.000 años por diferentes comunidades poblacionales en la era del paleolítico, con la ayuda de diferentes recursos de la naturaleza como las pieles, el barro, entre otros componentes que cumplieron la función de preservar los alimentos, aunque su distinción principal, fue gracias al Vino, pues fue este un producto comercial de vital importancia para la historia del envasado en la humanidad. No obstante, los frascos o recipientes están lejos de compararse con el cuerpo, pues es este y ha sido desde el inicio de la humanidad, el precursor y facilitador de la vida misma a lo largo de la historia. En nuestras sociedades “el cuerpo” no solo ha sido un símbolo de admiración, sino que también ha ocupado un espacio valioso en la creación y conceptualización médica y artística, por no denotar un sinfín de áreas y ciencias en los que el cuerpo ha estado presente como arquitecto de todo, como manifestación absoluta de la corporalidad, corporeidad y corposfera.Tres conceptos que despliegan la naturaleza propia en el conjunto de relaciones de lo que llamamos vida.

En el ejercicio anterior realizamos una descripción comparativa, donde atribuimos unas nociones humanas basadas en sentidos y codificación simbólica de un frasco; este acto corpóreo lo llamamos semíotica y pertenece a su vez a la conceptualización de aquello que reconocemos como corposfera “conjunto de lenguajes que originamos a partir del cuerpo” en otras palabras, atribución del sentido, respecto a mecanismos de interpretación conforme a objetos. Sin embargo, no es tan simple a la hora de hablar del cuerpo, ya que en este, no solo integramos la corposfera, como lenguaje diverso de la intervención corporal, sino que a su vez, estamos fuertemente influenciados por tensiones socio afectivas, intelectuales, sociopolíticas, socioeconómicas y axiológicas, fenómenos que se enmarcan en sí mismos en aquello que conocemos como corporalidad y corporeidad, procesos holísticos y dinámicos que crean nuestra realidad y percepción como facilitadores de motivaciones y objetivos que desembarcan en la ejecución y vivencia de epopeyas que crean historias admirables, sueños que rompen fronteras y cuerpos que se transforman en mujeres y hombres prodigiosos para nuestra humanidad.

Nelson Cardona subió el Everest con una prótesis de pierna.

“Ni los golpes, ni las caídas, son las que hacen fracasar a un hombre, sino la falta de voluntad para pararse y seguir adelante y así subir tan alto como lo es la cima del monte Everest, en donde hoy estamos parados”. Nelson Cardona (2010). Primer colombiano discapacitado que ascendió el monte Everest con una pierna y que años más tarde fue impulsado por su corporalidad , corporeidad y corposfera a subir 7 de las cumbres más altas del mundo.

En conclusión el cuerpo no es un recipiente. Es un campo de experiencias, un canal de expresión y un puente entre nuestra identidad y el mundo que nos rodea. Desde la historia hasta la ciencia, desde el arte hasta la medicina, el cuerpo se ha posicionado como un elemento esencial en la construcción del significado, la interacción y la evolución humana.

Al final, la pregunta no es si el cuerpo es solo un recipiente, sino ¿qué historias, saberes y transformaciones llevamos en él?

Johannes Alfonso Agudelo Bernal
Lic.educación física y deportes
Entrenador personal y poli atleta

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *